El verano cambia por completo el funcionamiento habitual de muchas comunidades de propietarios. Hay vecinos que se marchan de vacaciones, otros que reciben familiares o amigos, viviendas que quedan vacías durante varias semanas, pisos que se alquilan por temporada y zonas comunes que pasan a utilizarse con mucha más intensidad.

Piscinas, jardines, terrazas, garajes, ascensores, portales y patios soportan un uso diferente al del resto del año. A ello se suman las altas temperaturas, el aumento del consumo eléctrico, los posibles cortes de suministro, las molestias por ruidos, el uso de aparatos de aire acondicionado, los problemas de olores, la aparición de plagas y las dudas sobre qué se puede hacer (y qué no) en los espacios comunes.

Por eso, preparar una comunidad de propietarios para el verano no consiste únicamente en abrir la piscina o recordar los horarios de uso de las instalaciones. Implica revisar el mantenimiento, anticipar incidencias, comunicar bien las normas y actuar con criterio antes de que aparezcan los conflictos.

Gestionando comunidades desde 1968 una cosa está clara: en verano los problemas no suelen aparecer por un único motivo, sino por la suma de pequeños descuidos. Una norma que no se comunica, una cerradura que no funciona bien, una bomba de agua que no se revisa, un vecino que se va de vacaciones sin dejar contacto, un aparato de aire acondicionado que gotea, un invitado que no conoce las normas de la piscina o una vivienda alquilada temporalmente cuyos ocupantes desconocen cómo funciona la finca.

La buena noticia es que muchas de estas situaciones pueden prevenirse con una planificación sencilla y una comunicación clara.

Por qué el verano exige una preparación especial en las comunidades

Durante el año, una comunidad de propietarios suele tener una rutina más o menos estable. Los vecinos entran y salen en horarios habituales, las zonas comunes tienen un uso previsible y las incidencias se gestionan dentro de una dinámica conocida.

En verano, en cambio, todo se intensifica o se desordena ligeramente. Hay más niños en la finca, más visitas, más ruido en terrazas y balcones, más uso de ascensores y escaleras, más consumo eléctrico, más residuos orgánicos, más necesidad de limpieza y, en las comunidades con piscina o jardín, una presión mucho mayor sobre las instalaciones.

También hay más viviendas vacías. Esto puede generar problemas de seguridad, pero también complicaciones ante una avería. Por ejemplo, una fuga de agua en una vivienda cuyos propietarios se han ido de vacaciones puede provocar daños en varias plantas si nadie tiene una forma rápida de contactar con ellos.

Por eso es recomendable que, antes de la época de mayor uso, la comunidad revise tres grandes áreas:

  • El estado de las instalaciones.
  • Las normas de convivencia y uso de zonas comunes.
  • Los protocolos de actuación ante incidencias.

No se trata de generar alarma ni de llenar la finca de prohibiciones. Se trata de evitar improvisaciones.

Piscinas comunitarias: más uso, más responsabilidad

En las comunidades con piscina, este suele ser el punto más sensible del verano. La piscina es un espacio de ocio, pero también un espacio comunitario sujeto a normas de uso, mantenimiento, seguridad y convivencia.

Antes de la temporada conviene revisar el sistema de depuración, el estado del agua, las duchas, el pavimento, la señalización, el cerramiento, el mobiliario, las normas visibles y, cuando sea necesario, la contratación de socorrista o personal de control.

En términos legales conviene recordar que, en Cataluña, las comunidades de propietarios no se rigen por la Ley estatal 49/1960 (y sus posteriores reformas y modificaciones en años posteriores) de Propiedad Horizontal, sino principalmente por el Libro Quinto del Código Civil de Cataluña (Ley 5/2006, reformada por la Ley 5/2015), que regula la propiedad horizontal y considera la piscina un elemento común más, junto con el solar, los jardines o las fachadas. Esto implica, entre otras cosas, que decisiones como la construcción de una piscina o de nuevas instalaciones recreativas están sujetas a mayorías cualificadas específicas.

En cuanto al socorrista, conviene no dejarlo a la improvisación: a nivel estatal, el Real Decreto 742/2013 fija los criterios técnico-sanitarios de las piscinas de uso colectivo (calidad del agua, vallado, señalización). En Cataluña, las piscinas de las comunidades de propietarios se consideran de uso privado y no están sujetas de forma automática a la obligación de socorrista que sí aplica a las piscinas públicas; es la propia comunidad, en junta, la que debe decidir si lo contrata, y conviene dejarlo documentado en un acuerdo o en las normas internas de la piscina.

También es importante decidir cómo se gestionará la entrada de invitados. Muchas comunidades no tienen conflictos por el uso normal de la piscina, sino por la entrada descontrolada de personas ajenas a la finca. En algunos casos, una piscina pensada para los propietarios acaba funcionando como si fuera una instalación abierta, con el consiguiente malestar de quienes pagan su mantenimiento.

Un caso habitual es el de comunidades en las que no existe ningún sistema de acreditación. Durante julio y agosto, algunos vecinos invitan a familiares, amigos o conocidos de forma reiterada. Si no hay una norma clara, es difícil actuar cuando aparecen quejas. En cambio, si la comunidad ha aprobado previamente un sistema de pases, pulseras, tarjetas o límite razonable de invitados, la gestión es mucho más sencilla.

Además, hay que insistir en aspectos básicos: respetar los horarios, no correr por el recinto, no introducir envases de cristal, vigilar a los menores, ducharse antes del baño y cumplir las normas de higiene y seguridad.

Para ampliar este punto, puede consultarse el artículo específico sobre seguridad en piscinas comunitarias y el artículo sobre problemas habituales en el uso de piscinas en comunidades de propietarios.

Piscinas hinchables y desmontables en terrazas

Otro elemento cada vez más habitual en verano es la instalación de piscinas hinchables o desmontables en terrazas y áticos. Aunque a simple vista parezcan inofensivas, este tipo de instalaciones pueden suponer una sobrecarga importante para la estructura del edificio, especialmente cuando se llenan por completo de agua.

¿Qué dice la normativa sobre la sobrecarga estructural? El motivo del riesgo es puramente físico: el Código Técnico de la Edificación (Documento Básico SE-AE) calcula las terrazas de vivienda para soportar, con carácter general, una sobrecarga de uso de 2 kN/m², es decir, unos 200 kilogramos por metro cuadrado. El agua, por sí sola, pesa 1.000 kilogramos por metro cúbico, de modo que una piscina hinchable de apenas 30 centímetros de profundidad ya añade unos 300 kilogramos por metro cuadrado solo de agua, a los que hay que sumar el peso de los bañistas y del propio elemento hinchable. Es decir, el conjunto puede superar con facilidad la sobrecarga prevista de origen para una terraza de uso residencial, de ahí la importancia de la consulta técnica previa.

El riesgo no es solo estructural. Una piscina portátil mal ubicada o con alguna filtración puede provocar humedades y daños en las viviendas inferiores y en elementos comunes, generando un conflicto que podría haberse evitado con una simple consulta previa.

Antes de autorizar (o de instalar, en el caso de los propietarios) este tipo de piscinas, conviene solicitar asesoramiento técnico sobre el peso que puede soportar la terraza y revisar qué dicen los estatutos de la comunidad al respecto.

Puede ampliarse esta cuestión en el artículo ¿Puedo poner una piscina en mi terraza?.

Jardines, riego y control de plagas

Las zonas verdes también requieren una atención especial durante el verano. El calor, el uso más intensivo y la posible escasez de agua obligan a revisar el sistema de riego, el estado del césped, la poda, la limpieza de hojas secas y el control de plagas.

Una fuga en un sistema de riego automático puede pasar desapercibida durante días si nadie la revisa. Además del gasto de agua, puede provocar humedades, charcos, deterioro de pavimentos o quejas entre vecinos. Por eso es recomendable comprobar programadores, aspersores, goteos y horarios de riego antes de que empiece la temporada fuerte.

También conviene revisar las zonas ajardinadas desde el punto de vista de la convivencia. En verano aumentan los usos informales: niños jugando más horas, mascotas en zonas comunes, vecinos que se reúnen al atardecer o propietarios que utilizan espacios exteriores como extensión de su vivienda.

Aquí la comunidad debe encontrar un equilibrio razonable. No todo debe prohibirse, pero sí conviene recordar qué zonas están destinadas a cada uso, qué horarios deben respetarse y qué obligaciones tienen los propietarios en relación con limpieza, mascotas y conservación de los espacios comunes.

Instalaciones críticas: luz, agua, ascensores, garajes y bombas

En verano, una avería comunitaria puede generar más problemas que en otras épocas del año. Si falla el ascensor en un edificio con vecinos mayores, si se bloquea la puerta del garaje, si se detiene una bomba de agua o si se produce un corte eléctrico en zonas comunes, la incidencia afecta de forma directa a la vida diaria de todos los propietarios, por ello conviene revisar antes del verano las instalaciones más críticas:

  • Cuadros eléctricos comunitarios.
  • Iluminación de escaleras, garajes y zonas exteriores.
  • Ascensores.
  • Puertas automáticas de garaje.
  • Bombas de agua (bombas de grupo de presión y bombas de achique).
  • Portero electrónico (videoporteros e interfonos).
  • Sistemas de ventilación en garajes.
  • Cámaras o sistemas de control de acceso (CCTV), si existen.

Un ejemplo muy habitual es el de la puerta de garaje que empieza a fallar de forma intermitente. Durante el año quizá se tolera porque “solo pasa a veces”. Pero en agosto, con vecinos ausentes, coches que entran y salen a horas distintas y menos disponibilidad de proveedores, una avería aparentemente menor puede convertirse en una incidencia seria.

Lo mismo ocurre con la electricidad. El aumento del uso de aire acondicionado, ventiladores, neveras, congeladores y otros equipos puede coincidir con instalaciones antiguas o mal dimensionadas. No todos los cortes dependen de la comunidad, pero una revisión preventiva ayuda a detectar problemas antes de que se conviertan en urgencias.

Sobre este tema, recomendamos leer también el artículo específico sobre cortes de luz en comunidades de propietarios.

Limpieza, basura, olores y zonas comunes

El verano es una época especialmente delicada para la limpieza y la gestión de residuos. Las altas temperaturas aceleran los malos olores, atraen insectos y hacen que cualquier descuido en rellanos, patios, cuartos de basura o zonas comunes se note mucho más.

Uno de los conflictos más frecuentes es el de los vecinos que dejan bolsas de basura en el rellano, aunque sea “solo un rato”. En invierno puede pasar desapercibido, pero en verano una bolsa con restos orgánicos puede generar olor en pocas horas y provocar quejas del resto de vecinos, por eso es recomendable recordar los horarios de bajada de basura, insistir en que no se dejen residuos en zonas comunes y revisar si el cuarto de contadores, el cuarto de basura, los patios interiores o los espacios de limpieza precisan una actuación específica.

También conviene revisar la frecuencia de limpieza durante los meses de mayor uso. Algunas comunidades mantienen el mismo servicio durante todo el año, pero en verano el uso real de portales, ascensores, piscinas, jardines y zonas de paso puede ser mucho mayor.

La comunidad no siempre necesita contratar más horas, pero sí puede reorganizar prioridades: reforzar zonas húmedas, accesos desde piscina, ascensores, pasillos, papeleras, cuarto de basura o zonas ajardinadas.

Para ampliar esta cuestión, pueden consultarse los artículos sobre malos olores en comunidades de propietarios y tratamientos de control de plagas en comunidades.

Aire acondicionado: confort sin molestias

El aire acondicionado es imprescindible en muchas viviendas durante el verano, pero también puede ser fuente de conflictos comunitarios cuando no se instala o mantiene correctamente.

Los problemas más habituales son los goteos sobre balcones inferiores, terrazas, patios o vía pública; los ruidos de los compresores; las vibraciones; la ubicación inadecuada de las máquinas exteriores; y las instalaciones realizadas sin respetar la estética o las normas de la comunidad.

Un caso frecuente es el de un propietario que enciende el aire acondicionado por primera vez de forma intensiva en julio y descubre que el tubo de desagüe no evacúa correctamente. El agua cae sobre el balcón del vecino de abajo, que no puede tender ropa ni utilizar su terraza con normalidad. Si el problema se detecta y corrige rápido, no suele ir a más. Si se ignora, acaba convirtiéndose en una queja formal.

Antes del verano, cada propietario debería revisar su instalación: filtros, desagüe, condensador, soportes, vibraciones y orientación de la salida de agua. Y si se plantea instalar un nuevo equipo, conviene comprobar previamente qué dicen los estatutos, las normas internas y los criterios de la comunidad sobre fachada, patios, cubierta o azotea.

Sobre este tema, pueden consultarse los artículos sobre instalación de aire acondicionado en fachadas y normativa para instalar máquinas de aire acondicionado en azoteas comunitarias.

Ruidos, mascotas, terrazas y barbacoas

La convivencia en verano se complica porque todos vivimos más hacia fuera. Se abren ventanas, se usan más los balcones, se cena más tarde, los niños están de vacaciones y las terrazas ganan protagonismo.

Esto no significa que haya que impedir la vida normal de los vecinos, pero sí recordar que el descanso de los demás sigue siendo un límite. Las conversaciones en terrazas, la música, los juegos infantiles, los ladridos de mascotas o el movimiento de muebles pueden generar molestias importantes, especialmente por la noche.

Las mascotas también pueden provocar conflictos si no se controla su presencia en zonas comunes, jardines o áreas de paso. En verano, con ventanas abiertas, los ladridos se perciben más. Y en zonas verdes, la falta de limpieza de excrementos genera problemas de higiene y convivencia.

Otro punto sensible son las barbacoas. Algunas comunidades las permiten en determinadas zonas y condiciones; otras las prohíben; y en muchos casos también hay que tener en cuenta la normativa municipal y las medidas de prevención de incendios. Lo importante es que la comunidad no actúe por improvisación: si las barbacoas están permitidas, deben existir horarios, zonas y condiciones claras. Si no lo están, conviene comunicarlo de forma expresa para evitar discusiones.

También pueden aparecer conflictos por la ropa tendida en balcones o fachadas, especialmente en comunidades con normas estéticas o restricciones sobre elementos visibles desde la calle. En verano se lavan más toallas, bañadores y ropa de playa, por lo que conviene recordar qué se permite y qué no.

Para ampliar estas cuestiones, pueden consultarse los artículos sobre normas básicas de convivencia en comunidades de propietarios, qué hacer ante un vecino ruidoso y si la comunidad puede obligar a retirar un tendedero.

Viviendas vacías durante las vacaciones

Cuando muchos propietarios se marchan de vacaciones, la comunidad debe prestar especial atención a la seguridad y a la prevención de daños.

Hay medidas sencillas que pueden evitar problemas importantes: no dejar señales evidentes de ausencia, pedir a alguien de confianza que recoja el correo, cerrar correctamente puertas y ventanas, no bajar del todo todas las persianas durante semanas, dejar un teléfono de contacto y, especialmente, cerrar la llave de paso del agua si la vivienda va a quedar vacía durante varios días.

Este último punto es más importante de lo que parece. Una pequeña fuga en una vivienda vacía puede causar daños en el propio inmueble, en viviendas inferiores y en elementos comunes, y si además nadie puede contactar con el propietario, la gestión se complica mucho.

También es recomendable que los vecinos que se ausenten dejen una llave a una persona de confianza. No se trata de entregar llaves a la comunidad, sino de que exista una vía de acceso rápida si se produce una incidencia grave y urgente.

Desde el punto de vista comunitario, conviene revisar la iluminación exterior, los accesos, el cierre de puertas, los porteros automáticos y cualquier sistema de videovigilancia o control de entrada que tenga la finca.

Para más detalle, puede consultarse el artículo sobre medidas de seguridad durante las vacaciones y el artículo sobre viviendas desocupadas o abandonadas que causan averías a la comunidad.

Visitantes, alquileres de temporada y viviendas turísticas

En verano aumenta la presencia de personas que no residen habitualmente en la comunidad: familiares, amigos, inquilinos temporales o usuarios de viviendas turísticas.

Esto no tiene por qué generar problemas si se gestiona bien. El conflicto aparece cuando esas personas utilizan zonas comunes sin conocer las normas, generan ruidos, acceden con desconocimiento al parking o la piscina, dejan basura donde no corresponde o tratan el edificio como si fuera un alojamiento sin comunidad detrás.

El propietario que alquila o cede temporalmente su vivienda debe informar a los ocupantes de las normas básicas de la comunidad. No basta con entregar las llaves. Si hay horarios de piscina, límites de invitados, normas de ruido, restricciones en terrazas o criterios sobre uso de zonas comunes, los ocupantes deben conocerlos.

En comunidades con viviendas turísticas, además, pueden aparecer problemas específicos: tránsito constante de personas, sensación de inseguridad, uso intensivo del ascensor, fiestas, ruido o incumplimiento de estatutos. En estos casos es importante distinguir entre molestias concretas, incumplimientos de normas comunitarias y posibles irregularidades administrativas.

Para ampliar este punto, recomendamos leer el artículo sobre viviendas turísticas ilegales en comunidades de propietarios y el artículo sobre diferencias entre alquiler turístico y alquiler de temporada.

Seguro comunitario y proveedores de urgencia

Antes del verano también conviene revisar que la comunidad tenga localizados sus proveedores habituales y que la póliza de seguro esté correctamente identificada.

No siempre es necesario modificar coberturas, pero sí es importante saber qué hacer si se produce una filtración, una avería eléctrica, un problema en la piscina, un acto vandálico o un daño en zonas comunes.

Una comunidad bien organizada debería tener claro:

  • Qué empresa mantiene el ascensor.
  • Qué proveedor atiende incidencias eléctricas.
  • Quién se ocupa de la puerta del garaje.
  • Qué empresa mantiene la piscina y/o el jardín.
  • Qué hacer ante una fuga de agua.
  • Cómo contactar con el seguro.
  • Quién informa al presidente o a la junta.
  • Cómo se comunica una incidencia urgente a los vecinos.

En muchas comunidades, el problema no es la falta de proveedores, sino la falta de orden cuando aparece la urgencia. Si todos los vecinos llaman a distintos industriales, si se manipulan instalaciones sin conocimiento o si se difunden mensajes contradictorios, la incidencia puede agravarse.

Por eso es recomendable que el administrador tenga actualizados los contactos y que la comunidad sepa cuál es el canal adecuado para comunicar incidencias.

Comunicación clara: el mejor antídoto contra muchos conflictos

La mayoría de conflictos de verano no empiezan como grandes problemas. Empiezan como pequeñas molestias que se repiten: ruido fuera de horario, uso indebido de la piscina, invitados sin control, basura en zonas comunes, agua del aire acondicionado, perros sueltos, barbacoas improvisadas o vecinos que no saben qué normas existen.

Una comunicación clara antes del verano puede evitar muchas discusiones. No hace falta enviar circulares extensas ni alarmistas. A veces basta con un recordatorio breve, práctico y bien redactado.

Ese aviso puede incluir:

  • Horarios de piscina y zonas comunes.
  • Normas sobre invitados.
  • Uso correcto de ascensores, portales y accesos desde la piscina.
  • Horarios de descanso.
  • Gestión de basura y residuos.
  • Recomendaciones sobre aire acondicionado.
  • Teléfono o canal para comunicar incidencias.
  • Recordatorio para propietarios que se marchen de vacaciones.
  • Normas sobre alquileres temporales o visitantes.

Lo importante es que la comunicación sea preventiva, no reactiva. Si la comunidad solo recuerda las normas cuando ya hay un conflicto, será más difícil que todos lo perciban como una medida objetiva.

El papel del administrador de fincas en verano

El trabajo del administrador de fincas durante el verano no se limita a resolver incidencias. Su papel es ayudar a que la comunidad llegue preparada a una época especialmente intensa.

Esto implica coordinar mantenimientos, revisar contratos, recordar normas, atender incidencias, mediar en conflictos, ordenar la comunicación con proveedores, orientar al presidente y a la junta, y ayudar a que las decisiones se tomen con criterio.

En muchas ocasiones, el mejor resultado es precisamente que no pase nada: que la piscina funcione, que los accesos estén controlados, que la limpieza sea suficiente, que las averías se atiendan con rapidez y que los vecinos tengan claro cómo actuar.

Esa tranquilidad no aparece por casualidad. Es consecuencia de una gestión preventiva.

Conclusión: anticiparse evita conflictos y gastos innecesarios

Preparar una comunidad de propietarios para el verano no significa complicar la vida a los vecinos, al contrario: significa facilitar una convivencia más tranquila, reducir urgencias y evitar conflictos que suelen repetirse año tras año.

Una comunidad que revisa sus instalaciones, comunica bien sus normas, controla los accesos, mantiene limpias las zonas comunes, previene averías y tiene localizados sus proveedores afronta mucho mejor los meses de verano.

Piscinas, jardines, garajes, ascensores, terrazas, viviendas vacías, alquileres temporales y zonas comunes pueden convivir sin grandes problemas si existe una planificación mínima.

En Finques Chicote estamos colegiados (somos administradores de fincas y agentes de la propiedad inmobiliaria (API)) y llevamos desde 1968 gestionando comunidades de propietarios en Barcelona y en municipios del área metropolitana como por ejemplo Esplugues del Llobregat, Sant Just Desvern, Badalona, entre otros. Sabemos que cada finca tiene sus particularidades, pero también que muchos problemas se pueden evitar cuando se actúa antes de que aparezcan.

El verano debería ser una época para disfrutar de la vivienda y de la comunidad, no para improvisar ante incidencias evitables. Por eso, contar con una administración profesional, cercana y preventiva marca la diferencia.

Si tu comunidad todavía no tiene administrador, o si tiene la sensación de que la gestión actual podría mejorar, conviene hacerse algunas preguntas: ¿se revisan las instalaciones antes de que llegue el calor? ¿el administrador está localizable y responde con rapidez ante una avería en verano? ¿conoce bien la normativa (estatal y catalana) que afecta a piscinas y zonas comunes? Estaremos encantados de conocer vuestro caso y explicaros cómo trabajamos.

Y si eres propietario y te planteas vender o alquilar una vivienda o un local comercial, también podemos ayudarte a hacerlo con todas las garantías. Contacta con nosotros.